Siempre me impacta mucho pensar, en aquél momento crucial, cuando Jesús el Salvador del mundo murió en la cruz del Calvario por darle alternativa de mejor vida a los que creemos. Él murió por todos, pero solo los que creemos podemos disfrutar de la esencia de la enseñanza que contiene ésta historia. Cuando se cerró aquella tumba, se marcaba finalmente lo que sería la mayor razón de vida de todos los creyentes hasta hoy.
A pesar de ésta hermosa realidad, tan verídica como la esperanza nuestra, vemos que gran parte del mundo sigue confundido en sus intentos por ganar, sobresalir, e irónicamente por destruir nuevamente lo que ha construido. Cuando se comienza una construcción, sea para construir una pequeña casa o un gran edificio, el proceso es similar, y en ambos se tiene como principal propósito el de asegurar la edificación que se construye. Según las diferentes regiones del mundo, la edificación puede tener alguna diferencia en sus materiales de construcción, pero todas las constructoras buscan en especial que lo que construyen para sus clientes, guarde todas las especificaciones que aseguren el bienestar y la seguridad de los que habitarán esa edificación.
La piedra, por ejemplo, es usada como material de construcción, en especial en los países tropicales, para fortalecer la preparación del cimiento de una casa y en la mezcla de cemento que levantará finalmente una estructura fuerte. Así podrá afrontar vientos característicos incluso de fuertes ciclones. Ciertamente la protección y la seguridad de los seres humanos que vivimos en esta tierra, debe ser una de las más serias prioridades para todos. Y lo es para aquellos que saben valorizar el regalo llamado vida y que fue asegurado en la cruz del Calvario con la muerte de Jesús y su posterior resurrección. Esa es la creencia de todo el pueblo cristiano que se encuentra distribuido en todas partes de la tierra. ¡Que hermoso!
Sin embargo, son muchos los que con sus actitudes parece como si quisieran apresurar su destrucción y ellos mismos insisten y se adelantan para ponerle la piedra final a su destino. El mismo material que puede asegurar la vida en una construcción, también puede asegurar que la desgracia de una persona sea asegurada. Me parece que de algún modo todos hemos puesto piedras en el camino que han provocado nuestro propio tropiezo, nuestra propia desgracia.
Supe de una joven, que creció en un hogar disfuncional, rodeada de desgracias y malos tratos. Fue acogida por un matrimonio, que a su vez le quiso enseñar disciplina y el amor de Dios. Disfrutaba de todas las comodidades, buena educación y amor junto a esa hermosa familia. Un día la joven decidió que la disciplina con la que vivía en aquella casa era muy fuerte y no era lo que quería para su futuro; ella quería vivir y disfrutar de la vida. Desde aquél momento comenzaron a aparecer en su camino tantas piedras como el tamaño de su "empeño" por disfrutar. Fueron tantas, que hoy cumple una larga sentencia por drogas, engañada por personas que se aprovecharon de su ingenuidad.
El día de la muerte de Jesús se colocó una inmensa piedra en aquél sepulcro. Al tercer día la piedra fue quitada para asegurarnos la verdadera vida. ¡Que mucho significado tuvo aquella piedra! Aunque claro, no tendría ningún significado si Jesús no hubiese resucitado.
Te exhorto para que en este Día de Resurrección, me acompañes a contar las piedras que quedan por quitar del camino de la vida que Jesús nos regaló. No porque Él las halla puesto, sino porque nosotros las hemos alineado frente al camino que Él despejó para nosotros. Son piedras pesadas que solo Él las puede quitar. Pidamos a Él la fuerza para quitarlas; sé que no tardará en hacerlo.
Ojalá que este pensamiento pueda ser el de todos. ¡Les deseo un feliz Día de Resurrección!


