Lo que muestra la etiqueta





Todas las cosas tienen un valor. Desde los productos que compiten unos con otros en los escaparates del supermercado, la ropa que vestimos, el viaje que queremos dar, todo cuesta, todo vale.

Si le gusta calcular el precio versus la calidad o apariencia de los productos del supermercado como a mí, creo que a veces nos podemos sorprender. Me encanta ir al supermercado con tiempo disponible, para descubrir nuevos productos y alimentos, pero en especial me gusta la sección de aceites y aderezos. Por ejemplo, los aceites llegan desde casi todas partes del mundo y su presentación y etiqueta son para mí un verdadero espectáculo a la vista.

He encontrado algunos, que por su alto costo se supone que sean lo mejor de lo mejor, pero al usarlos he recibido una gran desilusión. Otros es lo contrario; su precio es bastante módico sin embargo su calidad me ha parecido excepcional. La ventaja es, que la mayor parte de las veces, los productos de precio más alto, tienen un empaque que impresiona. Yo guardo algunos de los empaques y envases porque a veces solo con añadirle unas flores, algo de colorido o aún sin añadirle nada, se les puede exhibir en algún estante en la casa. Al menos su empaque me es útil y no lo pierdo todo.




Pero usted, que ya me va conociendo, sabe que hoy no solamente les quiero hablar de la impresión mientras hago mis compras. Mas bien, les quiero traer la curiosa similitud que el otro día me vino a la memoria mientras me entretenía mirando las diferentes etiquetas de los productos. Pensé que unos nacemos con una marca como  evidencia de quienes somos, otros necesitamos tiempo para conseguir la atención necesaria para alcanzar nuestras metas, como les sucede a los productos de marcas menos conocidas en los estantes del supermercado. Otros muestran una buena apariencia con la que llaman la atención a causa de su presentación, y pareciera que "sus etiquetas y marca", son evidencias de sus capacidades y buenas actitudes. Pero aún así, no logran impactar a los demás. Así es la vida; pero siga leyendo, por favor.

El propósito esencial de este blog desde sus comienzos, ha sido entre otros, el invitarle a usted, a unirse a nosotros en la búsqueda y disfrute de lo que tenemos y de lo que somos. A que pueda descubrir de primera mano todos los detalles que nos llevan a entender a fondo el propósito de la vida que nos ha regalado Dios. Y oro a Él, para que juntos podamos valorarla, mejorarla, y disfrutarla. Insisto en que la marca de un hombre y una mujer centrada y feliz no depende del colorido de su marca, y aunque su apariencia pueda ayudar, yo sé que falta mucho más.

El ser humano es invaluable y sus capacidades y facetas no tienen límite. Le invito a usar la imaginación y pensar por un momento en las características de los productos de un supermercado. Yo voy a comenzar viendo como los demás reaccionan ante "mi marca". La marca se puede definir como el signo de propiedad personal, es lo que solo tenemos usted y lo tengo yo. Es lo que somos, lo que se demuestra y evidencia, por la forma y reacción de los que ven nuestra etiqueta. En mi caso, yo pensaría en mantener la compasión, el perdón y el amor a Dios para mantenerme en el mercado. Trataría de guardar fidelidad "a mis clientes" manteniendo armonía entre los detalles "que dice la etiqueta" y lo que realmente tengo en mi interior.



El posicionar un producto en el mercado no es nada fácil. Debe existir excelencia desde el momento en que se produce, durante el recorrido de su empaque y traslado, hasta llegar al escaparate; allí dependerá de los que lo escogen y de los que como yo, detenidamente  leo las etiquetas.

El cristiano tiene un sello, una marca muy importante que es respaldado por la existencia de un Dios que nunca ha cambiado. Él solo nos pide que seamos testimonio de la vida como cristiano y que podamos ser fieles a los detalles que contiene nuestra etiqueta, impresionando y atrayendo al camino del Señor a los demás, validando todo lo que dice nuestra etiqueta.




Les invito, a que verifiquemos la marca que llevamos por dentro y a constatar si nuestro ser, verdaderamente contiene lo que muestra la etiqueta. Verifiquemos si contiene; amor, paz, gozo, perdón, alegría, sinceridad.  Pero otro detalle; miremos bien, porque puede que a causa del tiempo, nuestra etiqueta no tenga el atractivo físico que tienen otras, ni llame tanto la atención. De todos modos, que bueno es saber, que si el contenido es fiel a lo que originalmente le hizo mantenerse hasta hoy, al igual que sucede con una buena marca en el supermercado, entonces no habrá quien lo saque "del escaparate", (o mas bien, corrijo), me refiero a que no habrá quien le mueva del lugar que Dios le ha posicionado.

Estamos necesitando un mundo que además de tener buen humor para leer post como estos, también reconozca la necesidad que tenemos de mejorarnos como seres vivos; que nos cambiemos las exigencias de las etiquetas actuales si es necesario, y que le pidamos al dueño de todo lo creado que nos revalúe y nos haga de nuevo.





Yo quiero que Dios me ayude a no ser jamás, prototipo de una de mis experiencias con los productos del supermercado; que al final, recibí una gran desilusión porque no eran lo que yo esperaba.


                                                                             
                                                                                             (Gracias a 'depositphot)os' por una de las fotos de este post)