Y dijo... "Me voy a suicidar"





Hoy quiero contarles una experiencia que en su momento estremeció mi corazón. Aunque he conocido a algunas personas que han afirmado ante mí o ante una persona allegada a mi ministerio, que tenían la intención de suicidarse, nunca se está tan preparado para escuchar una expresión como esa. Estamos hablando de la vida, esa que le permitió levantarse esta mañana a usted y a mí y que nos ha sido regalada por Dios, el dador de la vida.

Aún así un buen grupo de personas se suicidan anualmente en nuestros países, y familias enteras siguen enlutándose y siendo marcadas por una profunda tristeza. Más aún, cuando las personas víctimas de suicidio no han mostrado indicios para tomar esa decisión, las familias quedan devastadas cargando un signo de pregunta que cada día pesará más.

Las estadísticas muestran que en especial los niños y adolescentes son las personas más vulnerables ante el suicidio aunque cualquier persona puede ser víctima de tan horrible decisión. Es una realidad que estremece el alma. Al finalizar este post, quiero dejarles información muy importante en relación al perfil de las personas que se suicidan anualmente en los Estados Unidos y qué acción podemos tomar nosotros al respecto. Pero ahora les quiero contar la historia.

Me encontraba yo en un refugio para mujeres aquí en el estado de Indiana, donde resido. Eran muy pocas las mujeres latinas en el lugar, aunque milagrosamente Dios en su infinita misericordia me usó para hablarles a un buen grupo de mujeres allí. Una tarde, hace cerca de tres años, me encontraba en la salita donde comúnmente estuve reuniéndome con ellas. Mientras esperaba, me percaté de que en el grupo faltaba Jane, (nombre ficticio para efectos del post) y la esperé unos minutos más. Al pasar un tiempo decidí preguntar a las encargadas del albergue pero nadie sabía. Una joven, de las tres con las que Jane compartía  habitación, me dijo que ella se despertó en la mañana pero se volvió a dormir y pidió, algo molesta, que no hicieran ruidos y no le molestaran. La joven dijo además, que las otras compañeras de cuarto, salieron a hacer las diferentes gestiones de su día después de eso. Pero en ese momento ya eran las tres de la tarde y nadie sabía de Jane.

De repente una de ellas, pasó corriendo hacia la oficina donde estaba la encargada del turno. Con una expresión de urgencia, la encargada me hizo una señal de que le acompañara hasta el cuarto donde dormía Jane. Allí en la cama, estaba tirada como inconsciente. Abrió los ojos y me miró; acto seguido se le salió una lágrima y se volvió a desmayar. En su cuello tenía unas marcas que evidenciaban que había recibido una fuerte presión y mostraba problemas para respirar. La encargada llamó al 911 y acompañé a Jane en la ambulancia hasta el hospital. Luego supimos que ella se intentó suicidar ahorcándose con unas sábanas. Había conocido bastante bien a Jane y sabía que se sentía no solo muy deprimida sino además muy avergonzada. Los próximos días fueron muy difíciles, ella estuvo dos semanas hospitalizada y cada viernes y sábado yo me trasladaba en guagua hasta el hospital que era un poco distante. Me conocían como  "la mamá de Jane" y ella me recibía con un gran abrazo cada día.



Yo sabía que Jane se encontraba deprimida hacía semanas. Se encontraba frustrada porque no había conseguido trabajo y le quedaba poco tiempo para poder continuar en el albergue,según las reglas. Claro, cualquiera siente temor pensando que un día tendrá que dormir en la calle, en especial si se tiene en cuenta de que eran los meses de invierno. Los albergues en Estados Unidos, son para algunos la alternativa para no pagar renta ni tener responsabilidades hacia nadie. Prefieren usar los pocos ingresos que reciben en alcohol o drogas. Han olvidado a sus hijos y familia y muchos pareciera como si disfrutaran la vida de albergue en albergue. Por eso, los albergues tienen que ser firmes en sus reglas en relación al término de estadía. Pienso, que el servicio que brindan en su mayoría, es uno necesario y muy humano y que ayudan directa o indirectamente a gente como Jane a volver a empezar.

Luego de esa experiencia, Jane se veía muy tranquila y centrada en lo que quería. Aprendió que no todo lo que queremos, podemos lograrlo de inmediato, y que todo en la vida toma tiempo, en especial si queremos que tenga un final positivo. A pesar de esta experiencia tan negativa, en medio del proceso, Jane recibió el mensaje de salvación que le llevamos, y su vida comenzó a mejorar en todas las áreas. Se arrepintió de lo que ella dice, fue una decisión que tomó por orgullo, por no querer pedir ayuda cuando muchas veces se sentía desolada y sola y sin ganas de vivir.

A menudo se nos pide, que de tener esos mismos síntomas pidamos ayuda, pero la mayoría de las veces no es así. Nos toca, a los que tenemos contacto con esas personas, el observar y tomar en serio los síntomas. A veces incluso, hay personas afectadas por la depresión y otras situaciones relacionadas, que le dicen a algún familiar o amigo "Me voy a suicidar"; pero casi nunca se toma en cuenta como cierto. Sin embargo, es un grave error, ya que a veces se percatan que esa expresión no era solo palabras; el tiempo dirá que era cierta la intención de suicidio, pero ya será muy tarde.

Ojalá, que las familias comiencen a darle importancia a este mal, que sigue sin discriminar personas. Las estadísticas acerca de personas que toman la decisión de suicidarse sigue en aumento; son personas de todas las edades, aunque como dije antes, mayormente los jóvenes hasta los treinta y cuatro años se suicidan según los informes oficiales. Pero no quiere decir que personas de otras edades no se encuentren en las estadísticas de suicidio.

A continuación les dejo datos que nos pueden ayudar en la batalla por la vida. Son solo algunas de las muchas situaciones que pueden evidenciar las personas que están en riesgo de suicidio:

  • Tener en cuenta y vigilante a una persona que ha dicho que se piensa suicidar.
  • Personas que tienen problemas de salud mental están en riesgo.
  • Vigilar que las armas como pistolas y otros se encuentran en un lugar muy seguro de la casa; personas con intención de suicidarse permanecen atentos a los movimientos con arma en la casa y los lugares donde se guardan.
  • Quienes han tenido intención de suicidio anteriormente, siempre estarán en riesgo.
  • Personas que se encuentran encarceladas pueden tomar la decisión de suicidarse.
  • Jóvenes que viven expuestos a abusos y a violencia familiar continua, pueden optar por el suicidio.
Ya para terminar, le invito a recordar la importancia de contar con Dios en la vida y de decidir convertirlo en la parte más importante de nuestra familia y por consiguiente también de nuestro país. Sabemos que eso lo logramos teniendo familias que por sus buenas cualidades pueden jugar el mejor papel como miembro de nuestra nación. Unos habitantes sanos emocionalmente y que en especial reconocen la espiritualidad como parte importante de su existencia, son la gente que contribuirán efectivamente en el éxito de una nación.

Usted quizá ha escuchado mucho acerca de este tema pero es necesario que unidos entendamos que nuestros países están tristes aunque digan que somos felices. Cuando se termina la música y la aparente alegría, quedan los habitantes de nuestros pueblos carentes de la verdadera alegría. Se cree que el suicidio es la cuarta causa de muerte según recientes estadísticas. Por eso es hora de que hagamos algo con esa realidad. Un país saludable y bien centrado en sus emociones es uno capacitado para vencer aún la adversidad más grande.



Le invito a acercarse al Señor que vence la tristeza e incluso el más profundo dolor. Yo lo conozco personalmente y es el mayor apoyo que nunca halla podido recibir. Con su ayuda, rebúsquese por dentro, y decida buscar ayuda en caso de que el suicidio halla pasado por su mente. Acérquese a su Pastor o a líderes religiosos que se encuentran preparados en este tema en su pueblo o región.

No deje sola a una persona que le ha dicho que quiere suicidarse o que muestre un comportamiento inusual al de siempre. Además comuníquese a la Red Nacional de Prevención de Suicidio en los Estados Unidos al 1-800-628-9454 y en Puerto Rico a ASSMCA al 1-800- 981-0023.

Amemos la vida, es un regalo de Dios.