Hoy me gustaría, que juntas volvamos a evaluar el alcance del enemigo que persigue a todas las mujeres, y que todas tenemos detrás de nuestra oreja; el cáncer de seno. Es una enfermedad despiadada, cruel y que no escoge a sus víctimas, sino que al azar penetra y cuando la mujer se percata, muchas veces resulta tarde. Parezco pesimista, ¿verdad? y no lo acostumbro. Es que aunque no sea mi propósito, cuando trato este tema siento que necesito ser clara, y llevarles un mensaje realista, muy realista, como quien conoce a su enemigo muy de cerca.
Hace cerca de veinte años, mi familia y yo, en unión a mis padres, vivíamos en una hermosa casa en el campo, grande y cómoda como para que todos viviéramos tranquilos y felices. En
aquél tiempo, casi todos los días, mi mamá recibía la visita de una enfermera de las que visitan a los enfermos en la casa, ya que ella padecía de un problema severo a causa de la mala circulación en sus piernas; todos sufrimos con ella aquel largo y difícil tratamiento.
aquél tiempo, casi todos los días, mi mamá recibía la visita de una enfermera de las que visitan a los enfermos en la casa, ya que ella padecía de un problema severo a causa de la mala circulación en sus piernas; todos sufrimos con ella aquel largo y difícil tratamiento.
Una tarde y como siempre, al regreso de mi trabajo, bajé las escaleras que daban a la parte baja de la casa para entrar al apartamento de mis padres, conocer como habían pasado el día y compartir de la rica comida que mi mamá preparaba. Aquella tarde, noté un ambiente tenso y mi papá no tenía la sonrisa de siempre. Mi madre, me entregó una nota echa a mano, que le había dado a su vez, una doctora que acompañaba una vez al mes a la enfermera, para el seguimiento mensual del tratamiento para sus piernas. Inicialmente cuando leí la nota, percibí un tono algo serio y contundente. Aunque no mencionaba nada en específico, aún recuerdo hasta hoy lo que sentí en mi interior; fue un frío que nunca olvidaré. La nota decía; " Debe llevar a su mamá a una evaluación de sus senos lo antes posible" e incluía las instrucciones a seguir. No quise mostrarle preocupación a mi mamá, pero ya en su cara, se notaba un miedo que nunca antes yo recordaba haberle visto; sus grandes ojos se veían aún más grandes mientras me relataba que la doctora había palpado sus senos y había encontrado lo que parecía una "bolita" en su seno izquierdo.
Al otro día la llevé a hacerse un examen de resonancia magnética y otros exámenes ordenados por la doctora. A los dos o tres días ya teníamos los resultados de aquello que todos temíamos; mami tenía cáncer del seno ya bastante avanzado y debía comenzar en tratamiento de inmediato. Ella conocía la enfermedad porque había visto morir en New York a una de sus hermanas menores. La enfermedad la hizo trisas en solo unos años.
Al otro día la llevé a hacerse un examen de resonancia magnética y otros exámenes ordenados por la doctora. A los dos o tres días ya teníamos los resultados de aquello que todos temíamos; mami tenía cáncer del seno ya bastante avanzado y debía comenzar en tratamiento de inmediato. Ella conocía la enfermedad porque había visto morir en New York a una de sus hermanas menores. La enfermedad la hizo trisas en solo unos años.
Cuando uno tiene un paciente muy cercano víctima de esa enfermedad, algo por dentro se le comienza a morir y más aún si se trata de su madre; eso nos pasó a mi padre, a mi hermano y a mí. La lucha comenzó y a mí me tocaron las citas médicas, escuchar los mensajes más fuertes por parte de los doctores y alterar en ocasiones la información para que ella no comenzara a sufrir tan temprano; sí lo hice, aunque siempre terminaba diciendo la verdad, aquella que siempre ella sabía.
Mis padres me tuvieron a la edad de los treinta años, quiere decir que cuando el cáncer nos visitó, mis padres ya estaban adentrados en los sesenta años y mami ya estaba un poco delicada de salud a causa de su problema en las piernas. Así comenzó la batalla más grande de mi vida hasta ahora, la de verla pelear contra el cáncer con todas sus fuerzas y con la valentía que hasta ahora no he encontrado en nadie. Nunca quiso medicamentos para el dolor y al otro día luego de estar de alta después de su primer mastectomía, me recibió con comida caliente a mi regreso del trabajo. Pero la lucha solo comenzaba.
Mis padres me tuvieron a la edad de los treinta años, quiere decir que cuando el cáncer nos visitó, mis padres ya estaban adentrados en los sesenta años y mami ya estaba un poco delicada de salud a causa de su problema en las piernas. Así comenzó la batalla más grande de mi vida hasta ahora, la de verla pelear contra el cáncer con todas sus fuerzas y con la valentía que hasta ahora no he encontrado en nadie. Nunca quiso medicamentos para el dolor y al otro día luego de estar de alta después de su primer mastectomía, me recibió con comida caliente a mi regreso del trabajo. Pero la lucha solo comenzaba.
Esta historia puede ser semejante a la suya, sea que usted sufra la enfermedad o que tenga un familiar cercano víctima de esta; sea que solo haya conocido del tema mediante los noticieros o que sea usted un representante de la salud. Sea usted una estudiante comenzando la carrera de sus sueños, o artista, o empleada de hotel, maestra, una exitosa empresaria, pastora, ama de casa; a todas nos persigue. Ninguna de ellas ocupa el primer lugar de probabilidad necesariamente; a todas nos toca el mismo número.
Después del cáncer de pulmón, el cáncer de mama es el que más a menudo se diagnostica en las mujeres en relación a cualquier otro cáncer. Según las estadísticas de la American Cancer Society hay tres millones de mujeres que viven con cáncer de seno en los Estados Unidos.
Amiga, si queremos disminuir la posibilidad de contraer la enfermedad debemos conocer nuestro cuerpo ante todo. Primeramente el autoexamen que tanto se nos recomienda es muy importante en caso de que notemos algo extraño en alguno de nuestros senos y nos motive a buscar ayuda inmediata. La detección, es el arma que se utiliza para conocer si existe la enfermedad antes que aparezca, así que el primer paso para protegernos es el realizarnos una mamografía anualmente o según el médico lo recomiende. También ha aumentado el uso de la mamografía digital, que muestra con más claridad la posibilidad de tener la enfermedad.
Igualmente debemos tener en cuenta que existen factores de riesgo que pueden alertarnos ante la probabilidad de tener cáncer de mama. No quiero terminar este post antes de que los repasemos. En mi caso y lamentablemente, me encuentro dentro del porciento de mujeres que deben estar muy alertas ante cualquier signo o probabilidad a causa de mis antecedentes familiares con la enfermedad. Mi madre y dos de sus hermanas fallecieron de cáncer del seno; se imaginan, es una preocupación y una gran responsabilidad para mí. Casualmente me toca mi examen anual en unas semanas y los nervios de siempre ya los tengo en mi estómago solo que este año los he canalizado escribiéndoles.
Veamos los factores de riesgo:
- La edad- La mujer mayor de cincuenta años en adelante se encuentra en mayor riesgo que las demás. Esto no quiere decir que las más jóvenes no deban realizarse la mamografía anual luego de consultar a su médico.
- Indicios de cáncer en sus senos anteriormente- También se convierte en un factor de riesgo por la probabilidad de que surjan nuevas situaciones.
- Los factores hereditarios- Si se tiene o ha tenido parientes de primer grado como madre o hermanas, que hayan tenido cáncer de seno antes de los cincuenta, se convierte en un riesgo cinco veces mayor.
Les invito a leer e informarse acerca de todo lo relacionado a esta enfermedad que ha menudo vestimos de color rosa pero de rosada no tiene nada. Las estadísticas dicen que la prevención puede salvar la vida; desde los años ochenta ésta práctica ha logrado el 83% de supervivencia promedio a diez años. No hay razón para temores sin fundamento si nos informamos tomando información de fuentes autorizadas.
Después del cáncer de pulmón, el cáncer de mama es el que más a menudo se diagnostica en las mujeres en relación a cualquier otro cáncer. Según las estadísticas de la American Cancer Society hay tres millones de mujeres que viven con cáncer de seno en los Estados Unidos.
Amiga, si queremos disminuir la posibilidad de contraer la enfermedad debemos conocer nuestro cuerpo ante todo. Primeramente el autoexamen que tanto se nos recomienda es muy importante en caso de que notemos algo extraño en alguno de nuestros senos y nos motive a buscar ayuda inmediata. La detección, es el arma que se utiliza para conocer si existe la enfermedad antes que aparezca, así que el primer paso para protegernos es el realizarnos una mamografía anualmente o según el médico lo recomiende. También ha aumentado el uso de la mamografía digital, que muestra con más claridad la posibilidad de tener la enfermedad.
Igualmente debemos tener en cuenta que existen factores de riesgo que pueden alertarnos ante la probabilidad de tener cáncer de mama. No quiero terminar este post antes de que los repasemos. En mi caso y lamentablemente, me encuentro dentro del porciento de mujeres que deben estar muy alertas ante cualquier signo o probabilidad a causa de mis antecedentes familiares con la enfermedad. Mi madre y dos de sus hermanas fallecieron de cáncer del seno; se imaginan, es una preocupación y una gran responsabilidad para mí. Casualmente me toca mi examen anual en unas semanas y los nervios de siempre ya los tengo en mi estómago solo que este año los he canalizado escribiéndoles.
Veamos los factores de riesgo:
- La edad- La mujer mayor de cincuenta años en adelante se encuentra en mayor riesgo que las demás. Esto no quiere decir que las más jóvenes no deban realizarse la mamografía anual luego de consultar a su médico.
- Indicios de cáncer en sus senos anteriormente- También se convierte en un factor de riesgo por la probabilidad de que surjan nuevas situaciones.
- Los factores hereditarios- Si se tiene o ha tenido parientes de primer grado como madre o hermanas, que hayan tenido cáncer de seno antes de los cincuenta, se convierte en un riesgo cinco veces mayor.
Les invito a leer e informarse acerca de todo lo relacionado a esta enfermedad que ha menudo vestimos de color rosa pero de rosada no tiene nada. Las estadísticas dicen que la prevención puede salvar la vida; desde los años ochenta ésta práctica ha logrado el 83% de supervivencia promedio a diez años. No hay razón para temores sin fundamento si nos informamos tomando información de fuentes autorizadas.
Las investigaciones en busca de la cura de esta enfermedad no se detienen. A los científicos y doctores les toca buscar la cura y establecer nuevos tratamientos para el tratamiento de los pacientes. A nosotras nos toca cuidarnos, mantenernos vigilantes y seguir las instrucciones del Centro de salud y de cáncer de seno especializados en cada país. Sigamos vistiendo de rosado cada año para pelear en contra de este enemigo común. Sería bueno y también alentador, que nos alistemos de forma oficial en algunas de las actividades de nuestro estado usando la armadura rosada que tanto nos distingue. Además, les invito a no dejar fuera la armadura de la fe en Dios; a pesar de lo despiadado de esta enfermedad, yo sigo creyendo que la fe mueve montañas, incluso al cáncer de seno.


