No es nada fácil ganar ni perder una contienda, sea de trabajo, de opiniones o de lo que nos inventemos en el camino; y me explico. Si ganamos una contienda no todos estarán de acuerdo en que la ganamos, si la perdemos es que quizá somos tontos o despistados, esto por no seguir añadiendo adjetivos. Pero hay un extremo de la contienda a la que los protagonistas jamás deberían llegar. Esa es la posición que para efectos de este post he titulado, la de tener "razones de sobra". Cuando esa posición se asume, seguramente las relaciones interpersonales son miserables y los efectos desastrosos son interminables. El entorno familiar se afecta al punto de que nos arriesgamos hasta a perder a las personas que más queremos y que más debemos proteger. Me apena decir, que muchos de los jóvenes que se encuentran envueltos en vicios y problemas en las calles de nuestros países en este momento, son los hijos de aquellos que siempre pensaron que solo su argumento era válido y que su razón era la absoluta. Su hijo nunca pudo hablar, su argumento nunca pudo salir de su boca.
Conocí a una humilde mujer, durante un grupo de apoyo al que asistí, que relataba como la costumbre machista de su padre, (yo no le llamo a eso costumbres de los países, realmente son "malas costumbres"), acabó con sus esperanzas, las de su mamá y aún hoy después de su muerte casi todo el núcleo familiar sigue sufriendo los estragos de aquella actitud tan intransigente.
Su papá era quien bueno o malo siempre decía la última palabra. Una última palabra ni pensada ni evaluada, sino una última palabra "porque sí, y punto". Personas con ese tipo de actitud se siguen "reproduciendo" como conejos en su habitad y se cuelan aún en los más sofisticados lugares de trabajo. Algunas empresas y algunos partidos políticos, entre otros, cuentan entre su gente de confianza con hombres y mujeres que son exitosos en los diferentes ámbitos en que se desenvuelven, su preparación académica les distingue entre los demás y poseen un alto atino en los negocios. Pero lamentablemente son despiadados en su desempeño y abusan de su autoridad sometiendo a sus empleados y subordinados a los más difíciles momentos e injustas decisiones.
Ellos son muchas veces los hombres y mujeres que crecieron viendo el comportamiento de una figura paterna que poseía características de un verdadero tirano. Podrá parecer una exageración sin fundamento, pero es de conocimiento de todos, que los niños aprenden por imitación y en ocasiones por la encomienda de padres que les dicen: 'Hijo cuando usted sea grande no deje que ninguna mujer se le quiera imponer', 'domínela para que lo respete'. Igualmente algunas madres dirán a su hija; 'Hija, cuando seas grande no creas en los hombres, todos son malos y perversos; sácales todo el dinero que puedas'... Parece muy fuerte, y presento mis excusas por si alguno se ofende, pero pienso que es muy cierto.En fin, los adultos, hombre o mujer, somos los ejemplos a seguir de los que desde 'dos o tres pies más abajo nos están mirando, son los niños...
Los que piensan tener "razones de sobra" nos rodean a diario; lo hacen de manera alocada y desorganizada, pero a veces nadie lo advierte, o no reaccionan porque piensan que es una tarea inútil. Mientras tanto, durante el ir y venir de "sus reinados" siguen exponiendo sus dañinos y destructivos estilos.
Los que creen "tener razón de sobra", de manera desmedida, piensan que los demás son mediocres y que a causa de eso no tendrán éxito en la vida, esto a causa de su falta de autoridad. Sin embargo lo que realmente sucede es que la intransigencia del ser humano y la falta de valores, impide que las disputas puedan ser repensadas y que las diferencias puedan ser terminadas.
Pero las "razones de sobra" no existen; existe solamente la razón, y tomando en cuenta esto, el acto de repensar nuestros estilos podría ser el primer paso hacia la armonía laboral, la de los gobiernos y la de nuestros hogares en primer lugar. No existen dos razones, existe solo una. Siempre la balanza se inclinará hacia un lado.
Recuerdo que cuando niña, en un barrio cercano a mi casa, se suscitó una discusión entre vecinos que terminó en la muerte de uno de ellos. Yo era muy niña aún, y mi mamá no quiso que mi hermano ni yo alcanzáramos a escuchar detalles de lo sucedido y no fue hasta unos años después que pudimos a entender lo que pasó. Y fue que el señor aquél, que todas las mañanas pasaba distribuyendo el pan por las casas del barrio, fue el protagonista de tan horrible acontecimiento que estremeció a todo el pueblo. Recuerdo hasta hoy, el rostro de aquél señor; solo mostraba tranquilidad y confianza a su paso. El otro vecino también era un buen padre de familia y no mostraba ser violento ni problemático. Nadie hubiese imaginado tal tragedia.
Sucesos como estos no es la primera vez que pasan y tampoco dejarán de pasar. El hombre lleva la guerra por dentro, aunque su apariencia no va en acorde con lo que realmente es. Por eso estudiar el carácter de aquellas personas que formarán parte importante de nuestra vida, debe ser primordial en una relación; aunque suene trillado así es. A veces por tener "las razones de sobra" el hombre llega a acabar aún con su libertad y hasta con su vida. El hombre que no dialoga y que no conoce de la búsqueda de vías alternas para conseguir el sosiego, aún en la más provocadora situación, nunca podrá ser un buen ejemplo para sus menores. Lo que nos convertirá en genuinos ganadores no será la fuerza y el mollero, sino las razones que justamente hemos ido recogiendo en el camino de la vida.
En tiempos bíblicos, hubo un rey hebreo, específicamente de Judea, llamado Rey Herodes. Su estilo de gobernar fue el más despiadado y cruel existente en aquellos tiempos. Herodes mandaba a degollar a todo el que se le opusiera a su paso y que pareciera que quería ocupar su lugar. Para colmo, se cree que fue quien ordenó matar a los niños varones de su reino con el propósito de interceptar la llegada de un mesías que había sido anunciado. Claro, hoy los cristianos creemos que ese mesías es Jesús el Salvador, y que no hay tirano que pueda prevalecer sobre Él.
Cuanto lamento el dolor que se cierne sobre las familias y aún sobre los países, cuando el liderato que le gobierna es uno inseguro y cobarde y que desconoce el protocolo de la educación de las palabras. Como un compás de espera se cierne sobre la tierra la influencia de estos altos gobernantes cuyo estilo de "existir" y de gobernar es uno abusivo y aprovechado y que utilizan su poder y sus riquezas en algunos casos, para someter al que está en menor posición que este.
Ahora, para calmarnos un poco, ¿ porque no hablamos de Jesús? Sus cualidades de buen líder, de hombre compasivo y amoroso no deja de impactar mi vida. Jesús fue amoroso, buen maestro, sabio, dadivoso, salvador, guía, sanador, justo, imparcial, y mi mejor amigo.
En la Biblia dice, hablando el sabio Salomón:
"La blanda respuesta quita la ira; más la palabra áspera hace subir el furor. La lengua de los sabios adornará la sabiduría; mas la boca de los necios hablará sandeces" Proverbios 15:1-2
Hombre valiente no es el usa su rebeldía e intransigencia para destruir las ilusiones de quien en él confía. Sino es el que busca imitar el carácter de Jesús, y toma en cuenta su aportación a la humanidad, aún en la vida de los que le vituperaron y persiguieron.
Y ahora, ¿porqué no le bajamos dos o tres "rayitas al coraje?"
Inútil es que intentemos seguir adelante y que podamos conseguir éxito en la vida, siendo portadores de coraje y hostilidad. Evaluemos el carácter de Jesús e imitemos su bondad.
Recuerdo que cuando niña, en un barrio cercano a mi casa, se suscitó una discusión entre vecinos que terminó en la muerte de uno de ellos. Yo era muy niña aún, y mi mamá no quiso que mi hermano ni yo alcanzáramos a escuchar detalles de lo sucedido y no fue hasta unos años después que pudimos a entender lo que pasó. Y fue que el señor aquél, que todas las mañanas pasaba distribuyendo el pan por las casas del barrio, fue el protagonista de tan horrible acontecimiento que estremeció a todo el pueblo. Recuerdo hasta hoy, el rostro de aquél señor; solo mostraba tranquilidad y confianza a su paso. El otro vecino también era un buen padre de familia y no mostraba ser violento ni problemático. Nadie hubiese imaginado tal tragedia.
Sucesos como estos no es la primera vez que pasan y tampoco dejarán de pasar. El hombre lleva la guerra por dentro, aunque su apariencia no va en acorde con lo que realmente es. Por eso estudiar el carácter de aquellas personas que formarán parte importante de nuestra vida, debe ser primordial en una relación; aunque suene trillado así es. A veces por tener "las razones de sobra" el hombre llega a acabar aún con su libertad y hasta con su vida. El hombre que no dialoga y que no conoce de la búsqueda de vías alternas para conseguir el sosiego, aún en la más provocadora situación, nunca podrá ser un buen ejemplo para sus menores. Lo que nos convertirá en genuinos ganadores no será la fuerza y el mollero, sino las razones que justamente hemos ido recogiendo en el camino de la vida.
En tiempos bíblicos, hubo un rey hebreo, específicamente de Judea, llamado Rey Herodes. Su estilo de gobernar fue el más despiadado y cruel existente en aquellos tiempos. Herodes mandaba a degollar a todo el que se le opusiera a su paso y que pareciera que quería ocupar su lugar. Para colmo, se cree que fue quien ordenó matar a los niños varones de su reino con el propósito de interceptar la llegada de un mesías que había sido anunciado. Claro, hoy los cristianos creemos que ese mesías es Jesús el Salvador, y que no hay tirano que pueda prevalecer sobre Él.
Cuanto lamento el dolor que se cierne sobre las familias y aún sobre los países, cuando el liderato que le gobierna es uno inseguro y cobarde y que desconoce el protocolo de la educación de las palabras. Como un compás de espera se cierne sobre la tierra la influencia de estos altos gobernantes cuyo estilo de "existir" y de gobernar es uno abusivo y aprovechado y que utilizan su poder y sus riquezas en algunos casos, para someter al que está en menor posición que este.
Ahora, para calmarnos un poco, ¿ porque no hablamos de Jesús? Sus cualidades de buen líder, de hombre compasivo y amoroso no deja de impactar mi vida. Jesús fue amoroso, buen maestro, sabio, dadivoso, salvador, guía, sanador, justo, imparcial, y mi mejor amigo.
En la Biblia dice, hablando el sabio Salomón:
"La blanda respuesta quita la ira; más la palabra áspera hace subir el furor. La lengua de los sabios adornará la sabiduría; mas la boca de los necios hablará sandeces" Proverbios 15:1-2
Hombre valiente no es el usa su rebeldía e intransigencia para destruir las ilusiones de quien en él confía. Sino es el que busca imitar el carácter de Jesús, y toma en cuenta su aportación a la humanidad, aún en la vida de los que le vituperaron y persiguieron.
Y ahora, ¿porqué no le bajamos dos o tres "rayitas al coraje?"
Inútil es que intentemos seguir adelante y que podamos conseguir éxito en la vida, siendo portadores de coraje y hostilidad. Evaluemos el carácter de Jesús e imitemos su bondad.



