Bien... ¿ Y ahora, qué hago ?





A menudo, pero en especial cuando compramos en línea, y especialmente cuando las piezas son de cierto tamaño, tienen como requisito que para poder usarlas deben ser ensambladas. Por ejemplo, eso sucede con los armarios grandes, mesas, algunas lámparas y algunos efectos electrónicos y ciertos juguetes. De esa manera uno decide si lo compra o no. Entonces cuando llega nuestro paquete comenzamos a revisar las piezas a ver como combinan unas con las otras; a la verdad es divertido. Sin embargo, puede que alguna vez le haya sucedido, que al intentar armar la pieza que con tanto entusiasmo compró, llega un momento en que tiene que decir; ¿ y ahora, que hago ? Si no hemos leído y entendido correctamente las instrucciones de ensamblaje vamos a tener problemas, el resultado no va a ser el que esperábamos. Entonces tendremos que buscar ayuda.

Tan sencilla situación puede ser similar, aunque obviamente con más y diferentes agravantes, a la de esos momentos en la vida, en los que aún teniendo "las piezas" para resolver el problema frente a nosotros, no sabemos ni por donde empezar. La duda y la falta de respuestas, se convierten en males que nos persiguen a veces sin darnos cuenta.

Pensemos por un minuto, en las veces que usted ha sentido que los recursos para resolver alguna situación, sea personal, laboral o de cualquier otro tipo, se le han agotado. En momentos así, nos sentimos paralizados frente al problema y no podemos ver la alternativa; es más, llegamos a concluir que no existe. Pero no es así, la vida carga con alternativas para todo, solo que no todas nos gustan o quizá como a "la pieza de nuestro paquete", le seguimos dando vuelta a la solución, sin embargo la solución sigue frente a nosotros.

Quiero contarles esta experiencia familiar, que por muchos días me mantuvo preguntándome que "cómo era posible que esto estuviera pasando" ; a la verdad que no entendía.

    -  La hija de mi prima y yo, teníamos una amistad inquebrantable durante años. Ivy, como era su nombre, fue además mi cuñada y madre de mi sobrino, quien fuera su primer hijo. Ella murió de cáncer de seno hace cerca de dos años a sus cuarenta y siete años. Tuvo dos hermosas hijas de once y catorce años y a mi sobrino de veinte y tres años y una madre y hermanos, que al ella morir experimentaron un dolor indescriptible; fueron muchas las lágrimas que se derramaron esos días.  Mi sobrino tiene a su vez, una bella bebé, que en el momento de la muerte de su abuelita tenía pocos meses de nacida; Ivy la amaba inmensamente. Ese suceso estremeció el corazón de toda la familia y amigos. Necesité pedir fuerzas al Señor para llegar al estado donde ellos vivían y por el camino le decía al Señor, que aunque sabía que en sus manos están nuestros días, yo no podía entender porqué mi querida Ivy murió a tan temprana edad. El esposo de ella había muerto hacía pocos años y mi hermano, quien fue el padre de su hijo mayor también había muerto. Mientras veíamos a sus tres hijos frente al ataúd de su madre, solo había preguntas y un gran dolor.

Nadie, dentro de su naturaleza humana puede entender algunos sucesos que a veces en su momento no tienen explicación. Al pasar los meses, la familia nos hemos dedicado a ser apoyo unos a otros y a orar a Dios por consuelo; como familia cristiana dejamos nuestra carga en manos del Señor. Las niñas están estudiando mucho y no se pierden su escuela dominical. La bebé está preciosa y un día conocerá quien era aquella abuelita que la quiso tanto; una mujer sierva de Dios que venció la carne y vivió su vida hasta el último día alabando al Señor.



Quizá usted como yo, habrá sido testigo de alguna situación similar y se habrá preguntado también; y ahora, ¿que hago?. La verdad es que esa contestación, la mayor parte de la veces se tarda en tanto llega el momento en que nuestro corazón reciba paz para continuar. Sin embargo siempre habrá respuesta a nuestro dolor; el consuelo que viene de Dios responderá todas las dudas y aquella situación que tanto nos ha dolido ahora será lo que endulzará nuestro corazón con sus recuerdos.

Dios, en su sabiduría. conoce cada paso que damos y los porqués que nuestra mente alberga, antes que lo digamos. Creo firmemente que en esos momentos en que el dolor o la incertidumbre abunda, también su mano se extiende como la mejor y única alternativa.

En la Biblia, en el libro de Job 19:25-27 dice:

" Yo sé que mi redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cuál veré por mí mismo, y mis ojos lo verán y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí "

En los momentos que se siente, como que hasta la piel duele, pensemos en Job, quien no desfalleció porque había conocido quien era su Dios; él sabia que vivo o muerto vería al Señor. Se que usted ni yo somos Job, pero su historia que muy bien relata la Biblia es un buen ejemplo a considerar. Job perdió todo, literalmente todo. Él fue rico y amaba a Dios y así guiaba a su familia. Pero llegaron días en los que comenzó a perder todo. Sus propiedades materiales, su esposa, sus hijos, todo lo perdió. Si no ha leído su historia le recomiendo lea el libro de Job y vea como Dios le devolvió a Job todo lo que había perdido.

Ahora,  ¿ y si no "encontramos la pieza ?, ¿ y si nuestra petición a Dios no es contestada como nosotros queremos?




En mi caso, muchas veces no he recibido la contestación que quería, han sido  muchas las veces en que "mi solución" jamás se asemejó a lo que yo he estado esperando. Por esa razón, si usted me preguntara cual puede ser la solución a eso que no tiene explicación, yo le recomendaría otra vez al Señor, a ese que desde niña he visto obrar como nadie, y quien es, el que a fin de cuentas, ha puesto todo en orden.