A veces, no puedo entender, "las guías" que usamos los humanos a la hora de desprendernos de algo que tenemos, para darlo a otros que lo necesitan. Para algunos, el tener la oportunidad de dar es algo muy significativo, pero para otros es muy incómodo y no les gusta hablar del tema. De vez en cuando creo que debemos evaluarnos para conocer realmente a qué tipo de dador pertenecemos; vivimos en sociedad, somos y pertenecemos, motivo de sobra para interesarnos en desarrollar un espíritu dadivoso.
Cuando se piensa en regalar, donar u obsequiar algo, en ocasiones se piensa en dar aquello que no vamos a usar o que no necesitamos; ¿ será lo que nos sobra ? Aunque obviamente, esa no debe ser la norma cuando se piensa en cubrir alguna necesidad a quien lo necesite, la mayor parte de los dadores alegres son aquellos que trabajamos cada día para cubrir nuestras necesidades y las de nuestras familias. Por eso, si en adición a esas responsabilidades, se suma que los presupuestos no son muy holgados, entonces pudiera ser una limitación a la hora de dar como se quisiera. En contraste con esto, podemos tener en cuenta a un buen número de artistas y de grandes empresarios que a la hora de dar, se encargan de que las cámaras de televisión estén disponibles, para entonces anunciar sus donativos.
No me toca juzgar ningún tipo de actuación y tampoco es parte de mi práctica como persona. Pero quiero relatar una experiencia que tuve en el año dos mil ocho y que me puso a pensar. Yo era directora de un albergue para niños víctimas de maltrato. Ese tipo instituciones dependen en su mayoría de la bondad de la comunidad, porque aunque se recibe dinero de propuestas federales y estatales nunca es suficiente. Mayormente esas ayudas se usan para cubrir necesidades básicas como ropa, alimentos y medicamentos. En aquél tiempo estábamos necesitando mobiliario para la sala de reunión de los menores y la de recibido de visitas. Entre nuestros voluntarias estaban los vecinos del lugar donde estaba ubicado el albergue. Es un lugar alto, rodeado de residencias pertenecientes a familias adineradas y que a menudo visitan y colaboran con el albergue. Una tarde uno de ellos llegó con un vehículo de carga lleno de muebles lo que ocasionó alegría a todos. Los niños que en ese momento comenzaban a regresar de la escuela formaron tremenda algarabía. Sin embargo, cuando aquellas personas comenzaron a colocar en la sala y en los diferentes lugares que les indicamos, aquellos muebles tan esperados, notamos que de ellos salía tanta polilla como si fuera arena del mar. Con mucha tristeza y desilución tuve que pedirles que se los llevaran. Tuvimos que estar por varios días limpiando y desinfectando las áreas donde por un rato habían puesto los muebles.
Por otro lado, también podemos pensar en las veces cuando dudamos al momento de dar una solitaria dádiva al deambulante que pide a la entrada del shopping center que a menudo visitamos, o tal vez, ayudar al amigo que lleva meses pasando por dificultades económicas y que aún conociéndolo, no hemos echo nada al respecto. Cabe decir, que hay veces en que desde nuestro plano personal no tenemos los recursos para ayudar, pero sí podemos gestionar entre amigos, iglesias y relacionados para poder cubrir la necesidad de otros. Allí donde no existen cámaras ni luces y donde no hay testigos que puedan verificar nuestra acción de dar, me pregunto cuán desprendidos podemos ser.
Antes de terminar, fíjese no hablo, y tampoco me toca hacerlo, acerca del controversial tema del diezmo en las iglesias ni de ningún otro tipo de donativo relacionado. La verdad es, que me gustaría soñar que nuestro mundo en general, sienta que se alivia y satisface al ejercer acciones de dar que no están comprometidas con nadie sino con su corazón. Eso sucede cuando se hace con la única y mayor satisfacción que la de sentir calladamente el corazón latir de alegría. Que bueno sería que el extender la mano ante el dolor y la necesidad de aquél que es nuestro prójimo se convierta en lo que llamo nuestro "style" de vida.
Yo me crié de niña en un barrio pobre, alegre, familiar y dadivoso. Quizá estas caracterícticas no concuerden unas con las otras ni sean comúnes en los países desarrollados de hoy, pero en mi barrio sí lo era. La vecina no se ofendía si se le regalaba algo que ya no nos era útil pero que estaba en buenas condiciones y por el contrario la cultura de dar era una acción natural. Recuerdo que se intercambiaban platos de comida caliente casi a diario y que la alegría de guardar alguna pieza de ropa, o un "billetito" para ayudar a la necesidad de nuestro vecino, era una acción natural y que hasta provocaba gozo. ¿ Será que hoy se nos ha olvidado la hermosa sensación de dar simplemente porque sí ?
La Biblia dice en II Corintios 9:7 (NVI) lo siguiente:
Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría.
También en Proverbios 11:25 (NVI) dice:
El que es generoso prospera: el que reanima, será animado.
Bueno, creo que de forma más clara, no puedo resumir lo que he querido decirles en el día de hoy.
¿ Cuánto nos sobra ?
Gracias.


