Mamá






¡ Hola, queridas Madres!

A mis amigas del blog, a mis tías, sobrina, mis primas, amigas y hermanas en la fe, les deseo que pasen un precioso día lleno de gratas sorpresas y muchas alegrías, y que la bendición de Dios nuestro Señor no les falte.

Para mí los días de las Madres tienen un significado muy especial, huelen a hogar, a mujeres valientes y amorosas. Cuando niña, yo por ejemplo, sentía como que nada malo me pasaría; siempre, si de reojo miraba a algún lado de la pequeña casa donde me crié, sabía que siempre volvería a ver a mi mamá, siempre... cada minuto. Así fue toda mi vida, aún de adulta y hasta el día de su muerte. Recuerdo que una vez mi mamá viajó a New York a ver su familia en unión a mi papá y yo les extrañé tanto. El día en que regresaron, mientras esperaba que salieran del avión, me volví a sentir como cuando niña, cuidada, protegida y sabía que nada malo me podía suceder.

Las cualidades de las buenas madres son tantas, que hoy les quiero dejar los adjetivos a ustedes; sé que deben ser hermosos; ustedes saben como es su madre. Pero hay una cosa en lo que sé que estaremos de acuerdo, y es que las madres son insustituibles.

Una madrugada hace quince años mi madre cerró sus grandes ojos y no despertaba.Yo la cuidaba
todos los días mientras ella batallaba con un despiadado cáncer de seno, y siempre cada mañana yo le llevaba su café a la cama. Pero esa mañana aunque la llamé y la llamé, ella no despertó. Me ha costado mucho vivir sin mi madre; sé que lo mismo le estará pasando a usted si ya no la tiene.



Pero si su madre aún vive, disfrútela, celebre y de gracias a Dios. Mire a su alrededor; usted sabe que en algún lugar, sea cerca o lejos ella estará esperándole. Quizá le tocará marcar el teléfono, pero sabe que al otro lado de la línea ella estará. No hay mayor alegría que esa. ¡Apúrese!

¡Felicidades a todas!