Renovar




El estado en que vivo, me parece que es uno de los más fríos de la nación o por lo menos así lo he sentido este año. Esto, unido a los días de lluvia, han hecho eterno el momento antes de poder escuchar uno que otro pajarito y ver las primeras flores en los jardines alrededor de la ciudad. Este año, la primavera llegó y aún después de eso, estuvo nevando en dos o tres ocasiones más. Claro, no me estoy quejando; creo que a pesar del frío intenso y de todo lo que provocan en mis huesos y en mi nariz, estos cambios son una buena oportunidad para pensar en el poder inmenso que tiene la naturaleza, para renovar aquello que parecía que no volvería a resurgir.

El poder de la renovación, se manifiesta cuando algo dañado o cambiado, vuelve a su condición original. No se refiere esto, a sustituir por otro concepto, sino a adquirir de lo mismo pero renovado. Una casa vieja, se puede renovar, hasta convertirse en una bonita casa con olor a nuevo. Un jardín que parece haber desaparecido por el frío, puede renovar sus flores una y otra vez. !Que maravilla!   
Por eso, renovar y sustituir, son dos términos diferentes aunque guarden un parecido. Todo en la naturaleza se puede renovar. Por ejemplo, el agua dulce es producto de renovación a causa de millones de pie cúbicos de vapor de agua, que constantemente aumentan por la evaporación y disminuyen por la precipitación del agua. También existen recursos de la naturaleza, que son igualmente renovables, pero que se tardan incluso cientos de años en cambiar o modificarse de forma natural, como el metal y el petróleo.




Este último ejemplo lo podemos aplicar a nosotros, que somos la máxima expresión de la naturaleza. Muchas veces retrasamos todas las bendiciones que Dios pone a nuestro servicio y disfrute, a causa de nuestra terquedad y dureza ante lo que evidentemente es posible. Es posible ser una criatura productiva no importando el tiempo que halla pasado siendo duro e indiferente. Podemos superar las condiciones aún más fuertes y convertirnos en personas productivas. Si queremos, podemos. Con la ayuda del Señor, se puede romper con las más fuertes barreras que se aparezcan en el camino, barreras que nosotros mismos fuimos construyendo y que veces le echamos la culpa a Dios por lo que somos y tenemos. Aún nuestros pensamientos y sentimientos los podemos renovar convirtiéndonos en seres llenos de paz, siendo y disfrutando la alegría de vivir.



Seguramente, usted como yo, sabemos que tenemos cosas que renovar en nuestro carácter, en nuestras costumbres o aún en nuestros sentimientos. Sea que quitemos o decidamos añadir algo, siempre será mejor que lo hagamos en oración, preguntando al que todo lo sabe: Dios.