¡Vacaciones!





¡Vacaciones! 


¡Vacaciones!  Palabra mágica que de solo escucharla se activa la serotonina, los niños se ilusionan y los adultos contamos los días para tener unos días de descanso y relajamiento. Visitar familias, explorar lugares que queremos conocer, y no tener que pensar en regresar al trabajo al otro día, ¿eso es maravilloso no?

Hace algún tiempito no escribía en mi blog; me tomé unas semanas de vacaciones. Estuve en mi lindo Puerto Rico, cosa que no hacía desde hace más de cinco años. Disfruté inmensamente compartiendo con mi familia, amigos y hermanos; ¡nada como regresar a mi tierra!

Pero para la mayoría, y en especial para los que aún laboran a tiempo completo, les es necesario trabajar durante largas horas para cumplir con los requisitos de alcanzar el disfrute de un tiempo de descanso cada año. Lo mismo sucede para alcanzar el tiempo de jubilación; luego de cumplir con largos años de trabajo, podemos acogernos al cese total de nuestro compromiso de trabajo. Este proceso cotidiano de las personas que hemos trabajado o que aún trabajan, siempre me hace recordar que "todo esfuerzo tiene su recompensa".




Cuando me subo a un avión, al igual que un buen grupo de personas, me acerco a Dios en oración. Necesito estar segura de que sus cuidados no nos faltarán cuando "esa inmensa ave" se sube a las nubes y en unas horas me lleva donde quiero. La verdad es que Jesús se compadece de nuestro cansancio y de todo el esfuerzo que hacemos por mantener nuestras familias y por tratar de ofrecerles lo mejor día por día. Hemos creído en un Dios lleno de detalles que no deja de preocuparse por cubrir la necesidad de sus hijos. Él sabe incluso cuando estamos necesitando unas vacaciones y está dispuesto a acompañarnos no solo en los momentos difíciles, sino también en los de alegría y descanso. Eso incluye cuando empacamos para el viaje de nuestros sueños.

En Marcos 6:31 dice, hablando Jesús;

"Venid vosotros aparte, a un lugar desierto y descansad un poco"

Esto lo dijo a sus discípulos luego de un tiempo de haber estado recorriendo lugares, enseñando la palabra. El traslado a cada pueblo y aldea era a pie, y seguramente lo hacían por lugares escabrosos y polvorientos. Cuando estuvieron frente a Jesús, éste reconoció que ni habían tenido tiempo para comer.

Me alegra mucho pensar, que el Señor nuestro Dios, además de guardarnos, está siempre atento aún al más mínimo detalle.

Así que, si aún no ha tomado sus vacaciones, decídase a hacerlo; Él estará pendiente de todo...
¡Que disfrute!