Las personas que han tenido la experiencia de verse beneficiados por algún proceso para resucitación, o que han tenido un familiar al que se le ha aplicado alguno de estos procedimientos, se habrán percatado cuan indispensables y valiosos son. Es como de repente, tener la capacidad de ver la manifestación de la verdadera esencia de la vida ante nuestros ojos, y así mismo de repente percibir la muerte,y otra vez la vida. Claro, esa es mi percepción...
Me refiero, a los procesos que se usan para la reanimación cardiopulmonar, conocidos como RCP y CPR, y que incluyen desde la llamada respiración boca a boca,y otros procesos mediante compresiones cardíacas, la ventilación artificial, y otros en los que se usa un desfibrilador. La mayoría de estos procesos, pueden ser realizados mediante médicos certificados, sin embargo cualquier persona en general, puede adiestrarse y certificarse para ofrecer los "primeros auxilios" a otra. Estos procesos son vitales cuando alguien pierde la conciencia, sea a causa de ausencia de pulso o a causa de una enfermedad, accidente, ahogamiento y cualquier otro. Muy pocas cosas me impresionan tanto como esos procesos; el sentimiento tan profundo de tener un ser querido de vuelta a la vida, es indescriptible; yo lo he vivido.
Mi meditación para hoy es pensando en la grandeza de la vida. Pensando en la maravilla de cada una de las respiraciones por minuto que emitimos cada uno, sin apenas darnos cuenta, porque siempre "están ahí"... Sea el que sea el uso, que la ciencia y la religión le den al manejo de tan controversial tema, la realidad es que aquél soplo de vida que el hombre recibió allá el sexto día de la creación del mundo por Dios, parece sin duda, el modelo a seguir y la base para cualquier acción para dar vida por el hombre.
No es difícil, después de todo, la conclusión de hoy. Nosotros fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, y Él precisamente es la vida.
Él puso en nosotros, la capacidad para realizar procesos impresionantes para salvar vidas, pero Él y solo Él, es quien dará el soplo final cuando decide que alguien viva.
Ojalá que cada oportunidad de vida que Dios nos regala todos los días, sea vista por nosotros como lo que es; es algo inmerecido, es algo que hay que ganarse y además valorarse.
Después de todo Él murió en la cruz por nosotros, y es quien en su misericordia, nos permite respirar otra vez, otra vez y otra vez...


