Creo que usted estará de acuerdo conmigo, en que muchas veces nos hemos equivocado al juzgar la actitud o las acciones de la gente que nos rodea. Muchas veces perdemos un tiempo muy valioso dejando que nuestra mente se envuelva en especulaciones sin fundamento que no edifican a nadie. Cuando esto sucede, es preferible mantenernos en silencio y en oración para que sea Dios quien nos dirija.
Existe una condición llamada el "Síndrome de carencia afectiva", y que se define como la falta de afecto y de manifestaciones de cariño que una persona puede haber estado experimentando, por un tiempo considerable y de manera consistente. Lo pueden padecer los niños y también los adultos, pero no siempre sus síntomas se manifiestan a la vista tan fácilmente y a menudo se pueden confundir con rebeldía o con orgullo, entre otros. Los síntomas pueden ser ansiedad, muestras de frialdad y alejamiento, y mayormente muestran desconfianza y falta de habilidad para poder interactuar socialmente.
Seguramente conocemos personas con esos síntomas que con solo un poco de buena intención de nuestra parte podrían comenzar a sanar. Como dije, la condición de estas personas puede ser malinterpretada y los comentarios y suposiciones provenientes de aquellos que les rodean solo aumentan los efectos negativos de su condición. Pienso que desde nuestra posición como creyentes, debemos aprender a cuidar aquellas personas que muchas veces Dios pone a nuestro alcance. Como a las plantas debemos entrar en un proceso que nos lleve a no solo cultivar, sino que luego de alimentarles, verificar con detenimiento si el alimento está siendo efectivo. Revisaba en internet lo que ya había aprendido en mis tiempos de escuela; que para su nutrición las plantas toman, a través de sus raíces, los minerales disueltos en el agua del suelo y a través de sus hojas obtienen dióxido de carbono de la atmósfera. Luego estos componentes son transformados en alimentos para la planta, a causa del proceso de fotosíntesis. Es después de unos días en los que podemos saber si la planta se está alimentando o está en proceso de secarse y morir.
Lamento tanto pensar que así le puede estar pasando a algunos de nuestros amigos y no nos estamos dando cuenta. Nos hemos envuelto tanto en nuestras respectivas rutinas, que muchas veces actuamos como máquinas, las que realizan una gran diversidad de funciones, pero que en su mayoría todas son repetitivas, ruidosas y frías. La manera de interactuar como humanos, definen las particularidades y características que nos distinguen y que nos diferencian a cada uno de entre los demás. Son las que cuentan acerca de quienes somos como hijos de Dios y de cuanto hemos aplicado su mensaje a nuestra vida. Esa capacidad proviene de Dios, y lo demostró allá al principio de todas las cosas, según relatan los primeros capítulos del libro de Génesis. Se tomó su tiempo y en siete días organizó todo lo creado.
Hoy les exhorto, a tomarnos el tiempo de conocer mejor a nuestro hermano, a nuestro amigo. A no solo darle un abrazo como de costumbre, sino a ofrecerle nuestro tiempo y genuinos gestos de reconocimiento y de provisión si es necesario. La batalla por ganar a los demás, para que conozcan al Dios en quien hemos creído, comienza en nuestro interior; desde ahí reflejaremos a los demás lo que realmente somos.

