Con una sola palabra




Es impresionante cuando podemos evaluar el efecto que tienen las palabras, sean estas buenas o malas. Y más impresionante aún es, poder internalizar lo que éstas producen justo en ese segundo inmediato después de salir de la boca. Son muy pocas las cosas, que pueden dejar huellas en un ser humano, de manera permanente, como lo hacen las palabras. Se despiertan emociones positivas y negativas capaces de construír y de destruír cualquier cosa, con solo una palabra.

Cuando en el proceso de comunicación familiar, prevalecen palabras frías, con mensajes portadores de insultos y faltos de la más mínima consideración y respeto, se afectará sin duda, la sana interacción de todos ellos. De esa misma manera, se afecta la buena comunicación entre amigos, entre parejas, e incluso se iniciará un ambiente hostil y dañino, aún entre personas que profesen la misma fe... así es.

¡Que fuerte, ¿verdad? Con una sola palabra, portadora de odio, tristeza o miedo, se comenzará una cadena de efectos negativos interminables, y en ocasiones irreparables. Todo eso sucede en un momento, y con solo una palabra.




En los pasados meses, y mediante casi todos los medios de comunicación, hemos estado escuchando mensajes, matizados por el odio y la desigualdad. Lamentablemente, la mayoría son originados por  gobernantes y por representantes de las más altas esferas del poder de esta nación. En ocasiones se ha utilizado la "fuerza de la palabra", para adelantar solo intereses políticos, confundiendo la mente y retrasando la posible armonía emocional de todo un pueblo.

Definitivamente, no debemos permitir, que una palabra originada de esa manera, invada y dañe  el espíritu cortés y las mejores muestras de educación de nuestras familias. Y mucho menos, la esencia de los buenos cristianos esparcidos por diferentes lugares de nuestra nación y del mundo. La esencia de lo que somos, no solo se debe hablar; se debe modelar.

 Mi padre siempre me decía que "el resultado de aquello que buscamos, se encontraba dependiendo de la manera en que lo pedíamos". Él me enseñó, que unos buenos modales y una sonrisa me abrirían las puertas de lo imposible. Y así, lo he comprobado en mi vida.

Y más importante aún, no permitámos que ninguna cosa en el mundo, nos lleve a olvidar lo que dice la palabra de Dios al respecto.
(En referencia a la boca y a las palabras, según Santiago)

" Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así"      Santiago 3: 9-10

Que así, nos ayude el Señor...